aventura de la succión de ojo con chica al hombro - 2009



Volver a Aventuras animadas de ayer y hoy
Volver a la Página de Inicio


Estaría bien que hobiese lugar de recontar por detalle las estupendas fazañas que con harto peligro últimamente me salen al encuentro e acometo con coraszón valiente e ánimo esforzado, dando quehacer a los inteligentes autores que las dan a la estampa e a los follones hechiceros que vienen a tornallas en descalabros e desventuras., mas por agora non podrá ser e habremos de nos contentar no más que con algunas estampas que ilustren los tales fechos. Non vos acuitades que comienzo de presto.


Pues es el caso que hallábamonos cierta noche un mi amigo famoso por su desventura y yo mesmo en el bar musical que suele visitar la gente principal de mi barrio, cuando, acudiendo a mi llamada, llegáronse a nosotros dos mozas garridas en todo extremo hermosas. Llamábanse Marta la una y la otra Lolita; e por ventura iban aparejadas de tal guisa,, tan bien compuestas e tan polidas, que harto daban en qué entender a la imaginación., e, según se echaría de ver después, no menos a las manos. E ansí, según se allegaron a nuestro lado, yo, como espíritu atrevido y díscolo que soy, echéle mano a la Lolita e pugné con ella para tratar de sentalla en mis rodillas, e non en el duro y frío asiento que rodeaba la mesita, como de piedra que era. Mas rehusóse la dama a tal honor sin que mis sabias razones y ventajas que le hacía fueran partes bastantes para ponella en el sitio que le convenía; e ansí sentóse junto a mí por la parte de afuera, quizá con la esperanza de tener más fácil la salida si llegaba la ocasión. La señora Marta, en cambio, más atrevida quizá, tuvo por mejor venir a posarse en el espacio que quedaba entrambos de mi amigo Juan Carlos y yo. Je je. Suponemos que no debió pasar mucho tiempo, como otro día me comentó, sin que advirtiera su error.
En fin, desgraciadamente no hay lugar para recontar los estupefacientes lances que allí fueron. Los estupendos abrazos con que acorralaba a la pobre Lolita, las dulces razones que, enredado en su pelo, le cantaba en sus oídos, la vigilancia y fiscalización que de mi mano próxima a la dama, hacía la suspicaz Marta, preocupada quizá por la integridad de la reputación de su amiga, o quizá, más bien, envidiosa de que no fuese la de ella la que estuviese en peligro. Y yo no sé de qué se quejaba, pues en verdad hube ocasión de ceñirle el talle, catando que en verdad era harto bueno..
E ansí, vino el tiempo en que Lolita, en contra de sus deseos, díxome que non habría de quedarse mucho más tiempo e que non vendría a un otro sitio chuli que yo le decía por haber gran cansancio e desazón en los sus ojos por llevar lentillas harto tiempo ha. E vino a ponérseme en la imaginación que sería cosa buena e harto romántica el que yo le viniese a librar de tal molestia quitándole la lentilla con un beso, aplicándole la lengua a tal efeto. E non bien lo había pensado, cuando me puse de presto a poner por obra tan buena idea como a mi graciosa imaginación le parescía, elevada por los vapores del licor y del perfume de la dama en cuestión. Mas a la tal no debió de parecerle tan buena idea, pues mostrábase refractaria a mis avances románticos, retorciendo el cuello en direcciones inverosímiles con la esperanza de escabullirse dellos. Habremos de imaginar, pues, a mi sensual y robusto cuerpo avalanzado sobre ella, sujetándole la cabeza con las manos y pugnando por ponelle la cabeza como convenía a mis perversos designios de extraerle la lentilla de uno de sus profundos y hechiceriles ojos por el método de succión. E ansí fue cómo me sorprendió la su amiga que, sentada al otro lado junto a mí, intentaba sustraerse a los avances del mi amigo cuyas intenciones no eran mejores que las mías.

Bueno, otra estampa: Salimos del sitio y, como era de esperar, la amiga de mi amiga se negó en redondo a proseguir la velada en otro bar musical un tanto sospechoso que junto al primero había muy a propósito para el caso. E muy bien aferrado al talle de Lolita, caminamos por la acera en pos de Juan Carlos y Marta, que ya huía despavorida, viéndo la libertad ya a la mano. Yo no me curaba desto e mas bien iba atento a las gracias de mi amiga, contándole al oído sabias razones e graciosos donaires con los que ella mucho se holgaba, viniendo al cabo a comprender lo mucho que, por haber ocasión felicitaria, por el bien de la répública, de la raza e aun por el orden de la galaxia, le convenía el entrarse conmigo al sitio cuco que junto al primero había. Mas aquí los follones y malandrines fechiceros torcieron mi ventura, pues, con mi maltrecho rendimiento visual, distraído por los encantos de la dama que había entre manos, pasóseme el portal del sitio e pasámonos nosotros de largo, llevados por la febril huída de nuestra valiente Marta, que ya nos llevaba varios cuerpos de ventaja. Ah, pero no contaban con mi astucia, valor e grandes fuerzas de mis brazos. Así es que, cuando me apercibí del fallo, púsele remedio parando el desfile. Preguntéle a mi amigo que allá delante iba por el paradero del sitio, respondióme que más atrás, e, no bien lo había hecho, viendo indeterminación en mi amiga y franco recelo en la suya, deslizándome traicioneramente por detrás, coger a la dama en brazos e izarla a mis pechos fue todo uno.
--Vamos Juan Carlos. No seas cagón y coge a esa y vamos "pallá". -Díjele a mi amigo que adelante iba con Marta. En respuesta creí oír un lastimero:
--"Es que no quiere, no se deja.
--¡Vaya tela con las mujeres! -dije yo mientrras ponía a Lolita en el suelo. E yéndome hacia Marta, iba diciendo:
Joder, qué poca sangre tienes, -reprochaba a mi amigo. -Cuando la razón padece defecto, no le han de faltar manos al corazón.
E llegándome frente a mi señora Marta, agachéme a sus pies e puse mi robusto pecho junto a sus rodillas. Agarréle las piernas por detrás e, sujetándoselas fuertemente púseme en pie de presto echándomela al hombro sin que ella pudiese evitallo por más que no daba crédito al lance. E ansí, muy bien asida por el muslamen, colgada de mi hombro cabeza abajo transportéla fasta el zaguán del garito en cuestión. Juan Carlos y Lolita revoloteaban a nuestro alrededor con grande escándalo, oportunos consejos y picantes comentarios. Púsela de pie allí, muy ligero sujetéle con entrambas manos su cintura (harto buena por cierto) e más ligeros agora fueron los suyos, pues moviólos dándoles tanta priesa, que cuanto menos me caté, ya mis manos asían el aire en lugar de su cintura.

Josele.

EPILOGO. El curioso lector quizá no lo crea, pero es cosa cierta que al día siguiente y sucesivos me dijeron las damas protagonistas de la aventura que se lo habían pasado muy bien. Mujeres.


Volver a Aventuras animadas de ayer y hoy
Volver a la Página de Inicio